Hola Julieta,
Te escribo esta carta antes de que crezcas, cuando aún no sabes leer, cuando todavía no has llegado a los años en los que te voy a dar oso, cuando aún soy el amor de tu vida, cuando todavía cada vez que me ves gritas “papito”. Con el permiso de los lectores quise declararte mi profundo amor y darte las gracias porque gracias a ti soy un hombre mejor.
No creas que lo que te escribo es cliché, es la verdad. Antes de que nacieras mi vida era diferente. Era simple y tranquila, se resumía en trabajar. No había nada que excusara no realizar una reunión. No había espacio para ir al médico, para desconectarse una hora, mucho menos para ir de vacaciones. Consistía en la adrenalina de vivir lleno de ocupaciones, lo que muchos consideramos que éxito, sentirse útil, pero que siempre sentimos que falta algo más.
Tú me transformaste. Todo empezó con la noticia de que venías en camino. Como soy agüerista decidí no contar nada para esperar a que te gestaras en la tranquilidad que concede el amparo del secreto. Superando al mejor agente del mundo empecé a protegerte. Te convertiste en mi más valioso secreto, como un tesoro te guardé hasta que fuera el momento correcto de gritarle al mundo entero que llegarías a nuestro hogar.
Allí vinieron otros cambios, entendí realmente el significado de ser comprensivo y responsable. Empecé a ver que era posible cambiar reuniones para ir a los controles con tu mamá. No me perdí ninguno. También volví al médico, tenía que ser un papá sano, uno que se preocupa por su salud si quiere acompañarte por el resto de la vida y no perderse nada de tu existencia.
Los viajes de trabajo se hicieron más cortos, pero más intensos. Tomaba en el primer vuelo aún cuando el sol no había salido y no desperdiciaba ni un solo segundo de mi agenda para poder regresar de noche, sentarme al lado de la barriga de Laura y contarte como había sido mi día. Desde ahí desarrollé un pequeño miedo a volar, ahora me pone nervioso todo lo que implique un riesgo que me impida regresar a casa.
Luego naciste y te tuve por primera vez en mis brazos. Contemplé una parte de mi. Se me revolvió el alma, me vino un sentimiento de inmensa felicidad, como si se extinguieran los malos días, y unas ganas de hacer todo lo posible para que nunca nada te lastime. Mis primeras vacaciones en muchos años fueron los días de mi licencia de paternidad, de los más felices de mi vida. Tuve que aprender a cambiar pañales, a dar teteros, a levantarme en las madrugadas, a jugar con muñecas, a sentarme a tomar el té en sillas en las que solo me cabe un pie, a descifrar balbuceos, a suspender mi psicorigidez, ahora me parece bonito el desorden y a cambiar por completo mis prioridades.
Mi niña Julieta, hoy cumples dos años de vida y yo cumplo dos años de nueva vida. No te puedo prometer un mundo mejor, afuera habrá días difíciles y tristes, pero sí te puedo jurar que estaré a tu lado para escucharte, para calmarte, para alentarte o simplemente callarme. Siempre voy a estar detrás de ti, seguramente pelearemos, pero te enseñaré a caminar la vida y te ayudaré a levantar cada vez que caigas. Te veré crecer. Te celaré. Te voy a dar oso. Te haré valiente. Trataré de entender a tu generación. Haré lo posible por cumplir tus sueños y haré sacrificios para que llegues a donde quieras. Y si un día me tengo que ir, te prometo que te acompañaré día y noche porque aún con esa barrera seré tu ángel guardián.
Antes de que llegaras mi vida era distinta, era simple y tranquila. Hoy, soy nervioso y me preocupo todo el día, puede que ahora sea todo un poco más complicado, pero es sin duda mucho mejor.
Ahora que tengo su atención: A mi esposa Laura García Caballero, contigo empezó todo. Gracias.
 
Fuente: La República